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La guarida del zorrito

Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2005.

01/09/2005

CARAY... MURIÓ DON POPO NARANJO...

Hola...

¿Ustedes creen que las desgracias no llegan solas?... Yo sí.

El día 15 de junio, perdí a mi madre (ya se los conté), el día 12 de julio, a menos de un mes de distancia, después de salir de mi trabajo, estando ya tomando mis sagrados alimentos, me llamó un amigo para decirme... -¿Oye, sabías que murió el Popo Naranjo?... -No, le contesté, ¿luego de qué murió? -No, pues que de un infarto. Mira te aviso porque a las cinco de la tarde va a ser la misa y de ahí al panteón municipal el sepelio.

¿Y quien es Popo Naranjo?. Bueno es un amigo conocido en todo mi pueblo (Tecomán, Colima, México) Él fué hijo del único fotógrafo que había en Tecomán hasta hace como unos cuarenta años en que llegaron otros, tenía papelería, era oficial del registro civil, casamentero, arrendador, y dicharachero, se llamaba Don Zenaido, era de Colima de donde vino a radicar en la época de oro de la agricultura algodonera de Tecomán y siempre tenía una sonrisa amable, sabía ser discreto y orientador. Tuvo dos hijos Uno que es abogado en Colima, y Popo, que no estudió porque siempre vivió al lado de su padre.

Joven, casó con una hija de Don Jesus Gómez, rico terrateniente que se llama Isaura, Chagua para sus amigos... Con ella procreó un hijo y dos hijas, él sin estudiar y ellas profesoras en activo, actualmente.

Popo, cuyo nombre era Rodolfo A. Naranjo, fué un hombre amable, sin más vicios que el cigarro (como su papá), y jugar barajita... Eso que le llaman paco, y que se juega con cinco mazos de cartas españolas, para hacer un total de 200 cartas en conjunto (uta, hasta barajarlas da gueva). Puso un negocio de regalos y artículos deportivos junto a la presidencia municipal, donde todo mundo lo conocía, y su esposa Chagua, hacía piñatas hermosísimas, multicolores y de cualquier forma que se le ocurrían, payasos, pinos, flores, estrellas, animales; etc. Los diciembres, no se daba abasto para surtir los mcuhos pedidos de parte de los entonces fiesteros oficinistas, escuelas y papás que no veían completas las fiestas decembrinas sin la tradicional quiebra de la piñata.

Mi amistad, con él, vino a través de mi profesión contable, pues tuvo problemas de atrasos y sanciones, que le solucioné y desde entonces era yo el encargado de llevar las cuentas de tan pequeño changarro, sin cobro pues era muy pequeño en realidad y no me costaba trabajo alguno, el se desatendió del fromato para el pago de sus impuestos y derechos comerciales, y para él, eso fué un gran favor, de ahí su agradecimiento, favor que pagó con creces.

Posteriormente, vino mi matrimonio, llegaron los hijos con las constantes compras de uniformes, balones y otras chácharas solicitadas en el colegio donde estudiaron mis retoños. Ahí los conoció y los empezó a amar, fueron para él como sus hijos también, y siempre (como su papá), tuvo una palabra orientadora para ellos, una sonrisa amable y un regalito, desde un silvato, un pisapapeles, hasta una botella (ya de viejos por supuesto) de buen vino tinto. Mis hijos, como yo, lo extrañamos.

Bueno, tenía que describirles quien era don Popo Naranjo, para poder identificarlo y seguir con mi cuento: Sucede que estaba yo en la misa de cuerpo presente de don popo, cuando (chin), en plena consagración sonó mi celular, apenado salí del templo para contestar y era mi jefe, para pedir que me informara respecto a dos de mis empleados en la oficina que según sus familiares, no habían regresado a su casa después de salir de su trabajo.

Salí de inmediato después de la misa, para acudir con los demás compañeros de oficina y fué una de ellas quien me dijo que mis empleados: uno de 21 años y el otro de 26, habían sido asesinados en el mismo vehículo de uno de ellos.

¡Ay Dios!... Acerté a decir solamente. Desde ese momento y hasta 48 horas después, fué visitar velorios, panteones y juzgados... ¿Por qué será que las desgracias no llegan solas? ¿Alguien allá arriba, juega con nosotros? ¿Es justo?... No sé. Afortunadamente se aclaró el motivo de las muertes de ésos dos jóvenes prometedores, justo cuando iniciaban a vivir, y todo fué a manos de un loco compañero de escuela de uno de ellos, según, por diferencias con él. No se vale.

Les cuento esto, porque creo que vale la pena reflexionar sobre los valores que estamos transmitiendo a nuestros hijos, ni duda cabe que: la influencia televisiva, el cine, la prensa y el consumismo, están acabando con nuestra juventud. ¡Lástima!

Descanse en paz don Popo Naranjo, un viejo querido en su pueblo, padre de familia y buen ciudadano, y descansen en paz tambien, ésos chavos que no podrán ver nacer a sus hijos, que no podrán participar en la construcción de un nuevo México, todo por un chavo loco que no supo conducir sus diferencias a través del diálogo.

Mario López Barreto.
1 de septiembre de 2005.
01/09/2005 17:34 Enlace permanente. Tema: GENERALES Hay 2 comentarios.

09/09/2005

LA FABULA DEL ZORRO Y EL PEZ QUE NO QUERÍA SER PESCADO

pezyzorrito.jpgAsí comienza esta fábula.

Hasta las frías aguas de un riachuelo, llegó un zorro a media mañana para refrescarse después de una larga carrera por cerros y colinas en busca de su alimento, la cual había sido infructuosa.

Al acercarse a la orilla de un riachuelo, vio a un pez que se encontraba atrapado entre las raíces de un mojote, mismas que hacía llegar hasta el riachuelo para absorber el agua que lo hacía crecer y mantenerse en vida.

Al ver al pez, el astuto zorro pensó que había llegado el momento de saborear un suculento bocado, que le haría reponer las fuerzas que perdió en su larga caminata. Mmmmmmmm se saboreó gustoso. Es un gran pez, ¡pero a la de ya se convertirá en pescado!... pensó, con la baba saliendo de los belfos.

El pez, angustiado y cansado del esfuerzo por soltarse de las amarras que lo ataban al árbol, solo acertaba a coletear, pesaroso por no poder zafarse de sus ataduras.

Volteó a ver al zorro, que taimado se relamía y le dijo: -Amigo, no seas malo conmigo, toma en cuenta que soy papá y tengo 16 pescaditos a los que debo atender y criar... ¡No me comas, te prometo que si me liberas te enseñaré donde saciar tu apetito para muchos días!.

-Ja’... Respondió el zorro, jamás en mi zorra vida había yo platicado con un pez, es algo inédito en la fauna de este lugar. ¡Esto es cosa del diablo! Pensó y contestó al pez. -¿Cómo es eso?... Creo que es mejor comer un nutritivo bocadillo de pez, que esperar más a saciar mi apetito con una promesa que tal vez no se cumpla.

-No. Contestó angustiado el pez... Si me liberas, te llevaré río abajo, donde existe una exquisita comida, propia para zorros... ¡Deliciosa comida de pollos gordos y frescos!... –Créeme por favor, por mucho tiempo no pasarás hambre, ¡Claro, si eres listo!.

El zorro, tocada la codicia de todos los de su especie, (bueno de casi todos) y herido en su amor propio, aceptó el trato y movió desde afuera del agua las raíces que atrapaban al pez, quien estirando su cansado y alargado cuerpo, sacó la cabeza del agua y el dijo al zorro... ¡Sígueme! y nadando lentamente río abajo fue seguido por el zorro, quien habiéndose refrescado con la fresca agua del riachuelo, sacó fuerzas para trotar siguiendo al pez por varias horas.

A las primeras horas de la tarde, el riachuelo se acercó a una granja, donde encerrados en un corral, había decenas, cientos, miles de gordos pollos, que se apilaban a comer en recipientes, felices de su “buena” suerte, pues sin trabajo eran alimentados con esmero por los granjeros quienes en ese momento estaban refugiados en su casa, del inclemente sol.

-Gracias... Dijo el zorro, despidiéndose feliz del pez... –Lo de más es cuento mío.

Esperó un poco, olisqueó por aquí y por allá y después de un momento sacó las uñas y excavó sigiloso al pié del cerco para hacer un hueco que lo llevaría a tan rico manjar.

Los pollos, que no se daban cuenta de nada por estar entretenidos en su vicio de comer, se desparramaron al darse cuenta del peligro y gritaron convirtiendo el gallinero en un pademonium donde plumas y cloacs se veían y se escuchaban por doquier. Los granjeros al escuchar el alboroto polleril, salieron rifle en mano, y ¡Pummmmm!, de un disparo alejaron al ambicioso zorro, que triste se alejo a las colinas pensando no volver jamás, pues milagrosamente había escapado de un plomazo. Y pensó para sí, ¡lo merezco... ¡ pues es sabido que más vale pescado en boca, que mil pollos argüenderos!.

Fin.

Mario López Barreto.
10 de septiembre de 2005.
09/09/2005 09:16 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.


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