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La guarida del zorrito

ODA A MI MADRE

I

En el último rincón del inconsciente
yo recuerdo tu voz distorsionada
en el suave mecer del recipiente,
que incubara mi vida que iniciaba
al compás de tu espera emocionada.

Yo recuerdo mi llegada por el frío,
por la dulce caricia de otras manos
y el dolor que sentí tras la nalgada;
por el roce agradable de agua tibia
en mi cuerpo liberado de tu aljaba.

Casi siento los besos de tus labios
en mi frente pequeña y corrugada,
tu sonrisa acariciante en mis oídos
al saber que esa voz tranquilizaba,
la expectante inquietud de mis sentidos.

II

Breves fueron las horas de la infancia
y el periodo de solaz deleitamiento,
breve el lapso sutil de la fragancia,
aspirada, al brindarme el alimento
de tus senos que me dieron su lactancia.

Luego vino el festival a mis gateos
y el aplauso al caminar absurdo,
suspendido en el columpio de tus brazos,
tuve forma de cambiar todo lo burdo
para asirme a los seguros de mis pasos.

Más de pronto me vi desestimado
pues de nuevo, la historia al repetirse,
de tu cálida atención, fui separado,
y aquello que fue mío tuvo que irse,
pues nuevo hermano separome de tu lado.

III

En un lento transcurrir fueron llegando
los momentos agradables de la escuela,
y cediendo tu lugar a mis mentores,
en mi estancia de escolapio fui educado,
siendo padres, para mí, los profesores.

Fueron tantas y nutrientes esas cosas,
aprendidas a mi paso por las aulas
donde amigos encontré que compartieron
largas horas de mi infancia, ¡tan hermosas!
que entre amores y saberes sucedieron.

En la dulce niñez de mis recuerdos,
absorbí los valores transferidos
que sellaron en el alma mi carácter,
y que hicieron de mi vida y mi destino
lo que soy, lo que seré, por todas partes.

IV

en mi breve juventud... ¡Mi gran tesoro!
duerme ya, reposando aprisionada,
de esos años de mi vida, más añoro:
percibir frente de mí, tu fiel mirada,
impulsando mis anhelos y mis logros.

Como suaves destellos, sin valores,
a mi vida llegaron las pasiones,
dieron paso, por fortuna a los amores,
que entre dulces caricias y requiebros
cautivaron para siempre mis razones.

Siempre al lado de mi vida te prendiste,
lo mejor de mis sueños alentaste,
luego dí mi corazón. ¡Feliz quimera!,
a la esposa que el destino me brindara
¡y lograste con tu amor a que te quisiera!.

V

Con el tiempo y como pétalos de rosa,
Uno a uno llegaron los retoños
Y tu vida nada estéril, ni infructuosa
fue bendita para siempre en sus otoños,
en mis hijos, como ofrenda generosa.

Madre santa, con tus manos ya marchitas,
bendijiste el afán de mi existencia
y con esa bendición, tú me impulsaste
al anhelo de vivir, en plena esencia
del servicio y el amor que me enseñaste.

Hoy mis triunfos los coloco en tu regazo
Como prenda de mi amor dulce y grandioso
para Dios, al que a adorar, tú me enseñaste,
otorgando mi respuesta generoso
en la entrega de mi amor a mis hermanos.

VI

Al mirarte, entre sábanas tan blancas
cual sudario de tu vida generosa,
me enterneces con tus pálidas mejillas
y tu lánguida mirada, ya nubosa
en la pena de tus males, bendecida.

¡Dios bendito!... Quisiera yo pedirte,
que mi vida, por su vida Tú cambiaras
trasladando sus dolores a mi cuerpo
para así, después de muerto yo esperara
su llegada gloriosa, allá en tu Cielo.

Y de nuevo, que unidos se iniciara
el retorno de otro ciclo de la vida
siendo ella, para mí, de nuevo madre,
y siendo hijo para ella, me brindara
otra fuente de amor entenecida.

VII
En el quince de junio más amargo
de mi vida que triste se desliza, y
en el alba que se asoma en ese día
en tu rostro se dibuja la sonrisa
entregada a nuestro Dios como latría.

Dormida en tu sudario te doblegas
a la muerte que en sus brazos te redime
del dolor de tus últimos momentos
y tu frágil materia se percibe
libre ya de tu noble sufrimiento.

Duerme, duerme, querida madrecita
y en el cielo disfruta tu presente,
de ése Dios, que desde allá te necesita
como Ángel de mi vida y en tu ausencia
permanezcas a mi lado para siempre.

Mario López Barreto.
A mi madre, en su lecho de enferma a sus 84 años de edad.
7 de junio de 2005.
Terminada el 16 de junio de 2005.
Cuando mi madre entregó su alma a Dios.
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2 comentarios

catita -

son toos unos tontosss

cesar -

Para que le des a tu mamà en su dia....
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