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La guarida del zorrito

EL MATRIMONIO DE PAPÁ Y MAMÁ.

EL MATRIMONIO DE PAPÁ Y MAMÁ.

El matrimonio de papá y mamá.
  

Mi madre tenía quince años y a pesar de su edad, era una mujer completa, preparada física, aunque no mentalmente para afrontar la aventura de un matrimonio. Razones para esto, muchas: La opresión familiar que resulta de un padre celoso y exigente y de una madre más preocupada por enseñar, enseñar y enseñar los deberes caseros (algunas veces por la fuerza), más que por amor, sin tomar en cuenta que un ser humano, niño, sin importar su género, requiere: amor, atención, juegos, orientación; pero así era la vida en la álgida época posrevolucionaria.  Los muñecos de mamá, los fabricó con sus manos, con trapos usados les hacía vestiditos a mano, los arrullaba y cuidaba con el amor que posteriormente desbordó en sus hijos y a sus quince años, mamá se había convertido ya en una hermosísima flor a punto de cosecha.

A duras penas, estudió hasta el sexto grado, no en la educación oficial, sino con unas señoritas solteras mayores que dedicaban su vida a la enseñanza, todo por el celo del abuelo; pero sepan: mi madre al terminar sus estudios de sexto grado, sabía manejar correctamente la gramática; en matemáticas, las operaciones fundamentales eran su mero mole, sabía además regla de tres simple y compuesta, razones y proporciones, raíz cuadrada, superficies y volúmenes, en historia, dominaba fechas y conmemoraciones, bueno, bueno, bueno, una verdadera joya, lástima que el abuelo, simplemente dijo: -"Para limpiar nalgas de muchachos, no se requiere estudios". Como recuerdo de su infancia, me quedó un pequeño veliz de madera de cedro rojo, que era su encanto y en cual guardó los documentos importantes de la familia hasta su muerte, (gracias mamá, por tan bello regalo). Todos sus conocimientos, sirvieron, cuando nos ayudaba en las tareas escolares, dejándonos con el "ojo cuadrado" con lo que sabía. 

Mi padre fué, como todo joven de clase humilde, trabajador, creativo, y arriesgado, pero con tres grandes defectos, el vino, las mujeres y su gran gusto por la comida, especialmente por las carnes grasas que a la postre lo llevaron a la muerte.

Fue un autodidacta nato, solo tuvo educación formal hasta el segundo grado de primaria y a los dieciocho años, se robó la bella flor sayulense que era mi madre, no lo hizo a la brava, ¡no!... Jamás vi a mi padre forzar a nadie a hacer algo que no debía o quería, ni a nosotros sus hijos, jamás ví violencia física en la familia, y creo que mamá no lo hubiera permitido. 

Enamoró a mi madre con la complicidad de un hermano de ella, (mi tío Guillermo), que hasta la muerte de mamá, fueron inseparables en los buenos y en los malos tiempos y con papá se llevaron siempre bajo un clima de grandes amigos y algunas veces cómplices.  Papá, sacó a mi madre de casa de mis abuelos maternos y la depositó en casa de mis abuelos paternos como se acostumbraba, de donde salió mi madre vestida de blanco y cargada de ilusiones, muchas, muchísimas de las cuales, no se realizaron en gran parte por la inconsistencia de mi padre.

En el año de 1939,  llegaron a radicar a mi linda Colima,  donde nacieron,  después de haber perdido los dos primeros hijos, otros diez, de los cuales vivimos nueve: cinco varones y cuatro damitas.

Él, llegó a trabajar como sobrestante (capataz encargado de un grupo de doce trabajadores) en la construcción de la carretera Jiquilpan – Manzanillo, en su tramo El Naranjo – Manzanillo. Por aquél entonces, Colima solo se comunicaba con el centro del país solamente mediante el ferrocarril inaugurado en 1812 por el Presidente Porfirio Díaz, personaje que fue muy reconocido en esta región. Esta ramal del ferrocarril, aún existe tal cual fue construido en aquella época, así como sus bellísimas estaciones de piedra y puentes metálicos que han resistido las inclemencias del tiempo y los fenómenos naturales.

Al terminar la carretera hasta su destino, gracias al apoyo brindado por el presidente Cárdenas al principio y su sucesor hasta el final, algunos ingenieros y arquitectos quedaron prendados de las bellezas naturales y femeninas de la región y se avecindaron en Colima, conformando matrimonios y grupos de trabajo, donde en alguno de ellos, papá fue integrado, Así se inició la vida moderna de Colima, dejando atrás una época, que los que la conocimos la añoramos. 

La situación económica y política de la época de los años cuarenta a los sesenta, fue esencialmente difícil, más para quienes se iniciaban en la aventura del matrimonio, como mis padres. Papá hizo de mucho: Albañil, jornalero, peluquero, rentaba parcelas y las sembrábamos con máiz, frijol, calabaza, chile, pepino y cuanto se le ocurría al "jefe" (y en esta actividad participábamos toda la familia, especialmente los niños a partir de los ocho años).

Mi madre, apoyaba al ingreso familiar, lavando ropa ajena, como costurera (actividad que aprendió en forma empírica), pero sobre todo, estirando el gasto aportado por papá, a quien por ser oficial de muchas cosas, nunca le faltó el trabajo

Ambos, vivieron en Colima, Cuyutlán y Armería, finalmente radicaron en Colima donde se establecieron definitivamente en el barrio del “Arroyo del Manrique”, donde conocimos, en familia, la felicidad de poseer una casa y donde transcurrió la niñez y juventud de todos los hijos de la familia López Barreto.

En el año de 1984 falleció papá, en casa y rodeado de sus hijos, mamá sobrevivió hasta el año 2005 y murió de igual forma, , con una sonrisa en los labios, la sonrisa de los justos, de la paz y del amor.

Mario López Barreto. 

Lunes 31 de octubre de 2005.

 

 

 

 

 

 

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1 comentario

Mario Ramírez -

Felicidades amigo por tener una familia y una historia tan digna de contar. No todos tenemos esa fortuna.
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