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La guarida del zorrito

LA HERENCIA...

EL ORIGEN
Mi padre...

Mi padre, fué jornalero de origen jaliscience, dejó sus campos de labranza allá en el antiguo El Limón, Jalisco risueño pueblecito cercano a Tonaya, tierra del mezcal y de la Virgen de la Purísima Concepción. donde vivía con sus padres y hermanos, para ir en busca de mejores oportunidades al pueblo de Sayula. La familia López López, se asentó en dicho lugar, después de las guerras internas de la Revolución de 1910 y tras sufrir las penalidades de la “Cristiada”, como comúnmente se le llama al movimiento cristero, que envolvió principalmente a los estados de la región occidental de nuestro país.

Él era de raza y tez blanca, de cara picada por la viruela, señales de una época crítica de contagio e insalubridad vividas y sufridas por esas latitudes, la cual fue causa de muerte de siete de sus doce hermanos. Dura época, sin duda, de la cual no se puede calcular siquiera en la región, el número de muertos, especialmente niños, pues entonces no existía ni la Secretaría de Salud, ni el Inegi, una para atender y otra para contar a los afectados de tal epidemia y otras como la fiebre amarilla y la tos ferina. La gente nacía y moría en forma rápida, sin más luto que las lágrimas de los padres que iban, uno a uno, depositando los pequeños cuerpecitos de sus amados hijos en los campos santos de esos recónditos lugares.

Poco sé realmente de la niñez y juentud de mi padre, era ocurrente y dicharachero, centro de atracción en las reuniones de amigos, las cuales, siempre eran al calor de los changos o toritos colimotes de tuxca con granada agria con nuez, mango, guayavilla, naranja agria, tamarindo, limón o simplemente de pepsi al tiempo, pues la cerveza era para la mesa de los ricos y no había cagûamas aún en tales convivios, los que eran salpicados por sus alegres ocurrencias, siempre sobre mujeres, pleitos o simples anécdotas (ciertas o falsas), de trabajo o de aventuras.

A él escuche por primera vez el dicho de “gandalla, mata carita” autodefiniéndose para asegurar, que aunque de cara “fea”, podía convencer a cualquier mujer por difícil que estuviera alcanzarla. Y realmente se lo creí, porque mi madre en su juventud, fue una mujer hermosa, de grácil figura y líneas perfectas que contrastaban con la cara salpicada de mi padre; y aún así, la hizo suya con tal fuerza y secreto, que a pesar de ser todo un "“charrasqueado" parrandero y jugador, le fue una mujer perfectamente fiel, hasta la muerte de él y posteriormente de ella.

Volviendo a su llegada a Colima, les mencioné que dejó sus campos de labranza, aquellos campos que se revestían de flores multicolores en el otoño cuando los maizales entregaban al labriego sus aún apreciables semillas en elote o maduras para el sustento familiar. Ahora, nos llega el maiz por barco, un maíz amarillo, feo, de sudáfrica o de los Estados Unidos de Norteamérica, en función del cumplimiento de los leoninos tratados de comercio por los que México se hunde cada vez más en la pobreza.

Llegó a la ciudad de Colima, siguiendo la construcción de la carretera a Manzanillo, donde se inició en su nuevo destino que fue la construcción. Hombre inteligente por naturaleza, pues difícilmente sabía leer o escribir, aprendió por necesidad (como se aprenden las grandes cosas) a usar el metro de madera de doblez, a sacar superficies, a cubicar volúmenes, a trazar y hasta interpretar planos de construcción, lo que le valió ser contratado por el Gobierno del Estado de Colima como Encargado de Obras, y donde llegó a traer bajo su encargo hasta 200 personas, algo así como el puesto que hoy ocupan los ingenieros residentes de obra, puesto en el que trabajó por más de treinta años.

Trabajó bajo las órdenes de grandes constructores colimenses de la época como: Rodolfo Chávez Carrillo, Eudoro Carrillo Orozco, Julio Mendoza Gómez, Antonio Vázquez Jasso, Jaime Robles, Jorge Avalos, entre otros muchos que escapan a mi memoria, y junto con ellos construyó caminos, puentes, escuelas, edificios públicos, como: El puente de la Villa, sobre el Río Pereyra, varios sobre el Arroyo del Manrique y el Río Colima, escuelas en todo el Estado, el Palacio municipal de Cuauhtemoc o San Jerónimo; Etc.

Mi padre fue un hombre humilde, digno y feliz de ser quien era, jamás despotricó en contra de los ricos, y siempre decía, que quien quiere sobresalir debe luchar por ocupar su lugar en el espacio. Cuando le preguntábamos, al llevarle el “bastimento” a las obras que hacía, nunca contestaba: -estoy pegando ladrillos, o piedras o aplanando muros- Él decía: -estoy construyendo una escuela, un palacio municipal, un puente o un camino-, y sus ojos se rasaban de bien entendido orgullo, así era Él de importante y así aprendí a amarlo, con sus virtudes y sus defectos, así era mi padre del que me siento muy orgulloso y guardo felices recuerdos.

No fue un hombre muy afectivo al expresar su amor por la familia, pero jamás nos faltó bocado, techo o cobija para cubrirnos del frío mañanero de los diciembres y eneros infantiles, siempre vivimos en pobreza, pero con dignidad, con limpieza y sintiéndonos protegidos por un papá y una mamá que supieron aquilatar la responsabilidad de ser padres. Tampoco nos faltó el regaño a nuestras faltas o el elogio motivador cuando hicimos algo bueno, por eso crecimos como lo que hasta hoy somos: hombres y mujeres de bien, que aman a su familia y sienten un profundo respeto y amor por su patria y sus instituciones.

A ningún hermano jamás nos inspiró el suelo americano o el “sueño americano” como le llaman, como ahora a muchos colimenses y paisanos de otros estados, pues decía mi padre que sí lo conoció, que el mejor norte era el “Norte de Colima” y no había que buscar lo que no se había perdido. Decía: -eso déjenlo para los cubanos que han perdido su patria, nosotros tenemos una y muy grande para ser humillados por cualquier hijo de “gringa”.

Él, vivió a su modo, del modo que aprendió o le dictaron las circunstancias, tenía una enorme autoestima, pero el gran defecto de ser derrochador, aspecto que nunca hizo por cambiar y transcurrió su tiempo en una vida de parrandas, mujeres y canto, todo un bohemio el señor. Mi madre, sufrió mucho a su lado, pero según ella, ése sufrimiento ya se lo había asignado Dios desde la mismísima hora de nacer.

Procreó con mi madre, doce hijos y otros tantos "por fuera" como se acostumbraba entonces, de los cuales aún vivimos nueve a la fecha: Pedro, Rubén, Yo, Francisco Javier, Esthela, Rosa Elena, Jorge, María del Carmen y Bertha Eugenia.

A los sesenta años, originado por su despotricada vida, sufrió un accidente cardiovascular (embolia cerebral) y desde entonces, se refugió al lado de mi madre, que le abrió de nuevo las puertas de su casa y de su corazón hasta que a los sesenta y seis años de edad (Igualito que el abuelo Isidro, su papá), lo sorprendió la muerte, solo un suspiro y un "Adios", dejando a mi madre aturdida y pésima de salud, pues los dos últimos años, fueron de pasarla constantemente al lado de su lecho de enfermo.

Así termina la historia de mi padre, un hombre de su tiempo, honrado, siempre dispuesto a ayudar, con un enorme amor a Dios, a México, al Pri y a su familia, en ese orden, aunque repito, nunca nos falto comida, techo y dirección. Con muchos defectos pero cariñoso y trabajador. Nunca pidió nada dado y por el contrario fué sumamente generoso, siempre estuvo dispuesto a corresponder un favor y a pagarlo con creces. ¡Descansa en paz, papá!.

Mario López Barreto.
Tecomán Col., 29 de agosto de 2005.

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2 comentarios

Lety -

Como siempre, un placer leerlo Don Mario, estas historias de sus abuelos y su padre me han parecido lindisimas, sobre todo por la descripcion que hace de todo lo que escribe.
No cabe duda que antes la calidad humana estaba presente en todo y tambien la union familiar, a mi me hubiera gustado haber tenido muchos hermanos y hermanas, pero Dios solo me dio el privilegio de un hermano.
Seguire leyendolo hasta que llegue con sus nietecitos, primeramente Dios.

Saludos y que Dios lo bendiga siempre!
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Norberto Mendoza -

¿Alguien dijo que no sabía dibujar? ¡¡¡ Qué gran equivocación ¡¡¡

Quien piense que con palabras no se dibuja solo tiene que verificar en estos textos la maravillosa imágen que se construye entre líneas y con ellas se va formando el boceto que terminará en un gran cuadro. ¡¡¡Maravilloso cuadro¡¡¡

Gracias profe por estos relatos que llevan más allá de las palabras.
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